martes, 17 de mayo de 2016

Barco, Prisión de


Situada en la calle del Barco, 24, en el edificio que habían ocupado los estudios de Discos Columbia. Junto a las de Ventas y Duque se Sexto son las únicas cárceles que aparecen citadas por el diario ABC a lo largo de 1939:
En la prisión de la calle del Barco. Los reclusos entregan una imagen de San José al Cuerpo de Prisiones.
Ayer se celebraron en la prisión provisional establecida en la calle del Barco varios actos con motivo de la entrega y bendición de una imagen de San José, que los reclusos del establecimiento han ofrecido al Cuerpo de Prisiones.
Primeramente, el padre Pérez del Pulgar bendijo la imagen en el patio de la prisión. A continuación se celebró una solemne misa cantada, que dijo el capellán de la prisión, D. Hermenegildo García.
El padre Pérez de Pulgar dirigió la palabra a los reclusos y con palabras llenas de emoción patentizó el sentido cristiano y español que el nuevo Estado quiere llevar a los establecimientos penitenciarios.
A continuación hubo un concierto por una rondalla y los coros de la prisión, y finalmente el inspector central de Prisiones, don Amancio Tomé pronunció un elocuente discurso, haciendo resaltar la justicia y la disciplina que es necesario impere en la nueva España. Después de terminado su discurso se cantaron los himnos del Movimiento, dándose los vivas reglamentarios.
Una vez terminados los actos de la mañana, el padre Pérez del Pulgar, con los directivos del establecimiento y algunos periodistas extranjeros, recorrieron las dependencias de la prisión, saliendo gratamente impresionados del buen funcionamiento de todos los servicios.
Por la tarde se celebró la segunda parte de los actos, colaborando los reclusos. El maestro Rica tocó al piano el Oriamendi. El doctor Alonso dio una conferencia sobre la vacunoterapia; la Masa Coral interpretó algunos números de su repertorio y varios reclusos recitaron cuentos y poesías, siendo todos muy aplaudidos.” ABC, 15 de agosto de 1939.
Según Luis Garrido, en ella estuvo preso su padre, Julián. Un amigo de éste les contaría: “Vivíamos amontonados en muy poco espacio. Todos los días llegaban más detenidos con los que había que compartir los baldosines que pisábamos y la comida, pero lo que de verdad compartíamos era el hambre”.[1]



[1] REDONDO, Luis: Mi padre. La Guerra civil se hereda. Ediciones VOSA, S.L., 2006, pp. 13 y 24

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