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jueves, 13 de julio de 2017

martes, 18 de febrero de 2014

Grupo Escolar Francisco Giner: La obra de la República

Antonio Ortiz Mateos
Historiador

Al advenimiento de la República, Madrid contaba con 40.000 niños en la calle por falta de escuelas. El Ayuntamiento, dirigido por Pedro Rico, tenía que abrir escuelas rápidamente y en gran número. Donde tuvo solar y pudo construir, construyó. Donde tuvo solar y no pudo construir, plantó unos magníficos pabellones “Dockers”, procedentes de la Ciudad Universitaria. Y cuando no pudo construir, alquiló hotelitos, pisos, casas enteras, “instalando con todo decoro magníficas escuelas”. Dos años más tarde el balance resultaba ciertamente extraordinario, expresión del compromiso de la República con la infancia, la educación y la cultura, en contraste con “la incuria y el abandono consciente y criminal de la monarquía”: 18 grandes grupos escolares construidos, con 370 clases a las que asistían 18.500 niños.[1]
 
Después de varios años de reticencias entre las Administraciones central y local, finalmente ambas firmaron en 1922 un convenio para la edificación de seis Grupos escolares en Madrid, financiados a partes iguales por el Estado y el Municipio. Su proceso de construcción estuvo erizado de problemas, puesto que los Ayuntamientos primorriveristas de la capital fueron más proclives a instalar nuevas escuelas unitarias en casas de vecindad, según el sistema tradicional, que a diseñar planes globales de edificación de graduadas. Finalmente se inauguraron entre 1929 y 1930.[2]
 
Escuela Popular de Tetuán en la calle Azucenas. Actual sede PSOE. 1930
 
En 1930, a raíz del análisis efectuado por la Oficina de Información de la Ciudad en 1929 y la presión vecinal de los habitantes del extrarradio, la Junta Mixta constituida por el Estado y el Ayuntamiento de Madrid elaboró un primer plan de intervención, acometiendo los primeros proyectos con presupuesto exclusivamente municipal. Como interlocutores técnicos, la Junta contaba con Antonio Flórez Urdapilleta, director de la Oficina Técnica de Construcción de Escuelas por el Estado, y con Bernardo Giner de los Ríos, arquitecto jefe de la Sección de Construcciones Escolares del Ayuntamiento de Madrid. Con la proclamación de la República, en abril de 1931, se reorganizó la Junta, solicitando del Gobierno provisional la concesión de nueve millones de pesetas al Ministerio de Instrucción para la construcción de nuevos grupos escolares, dado que sólo disponía de un millón, mientras que el Ayuntamiento disponía de diez millones. El 7 de mayo de 1931, el gobierno concedía el dinero solicitado, redactando la Junta el Plan 1931, el cual incluía la construcción en Madrid de 18 nuevos Grupos Escolares “dotados de espacios para todo tipo de actividades higiénico-pedagógicas: piscinas, baños-duchas, salas para los servicios médicos y psicotécnicos, talleres de trabajos manuales, bibliotecas, comedores, patios de recreo y jardines, aulas para niños con problemas de aprendizaje y superdotados...”. [3]
 
Clases en el Asilo Paloma.
 
Una vez subastadas las obras del plan de 1931 comenzó la Junta a trazar el plan de 1932, ampliando sus objetivos, de acuerdo con la ley de 23 de agosto de 1932, a la reforma y adaptación de los Grupos ya existentes. Junto a la construcción de nuevos Grupos, el plan de 1932 supuso la reforma y ampliación de los Grupos Aguirre, Bosque, Peñalver, Joaquín Costa, Carmen Rojo, Concepción Arenal, Pardo Bazán, Luis Bello y las escuelas establecidas en las calles Ávila, 30, y Luis Cabrera.
 
 
La Junta inició asimismo la discusión del plan para 1933, proyectando la construcción de veintiún nuevos Grupos y la reforma y ampliación de otros trece, dando en esta ocasión un gran impulso a las escuelas maternales. Contaba para ello con un presupuesto de catorce millones de pesetas, aportadas al cincuenta por ciento por el Ayuntamiento y el Ministerio.
 
El 11 de febrero de 1933, aniversario de la primera República, se inauguraron los cinco primeros Grupos, con capacidad para 2.350 niños: Lope de Rueda, Tomás Bretón, Rosario de Acuña, Blasco Ibáñez y Pablo Iglesias. El 14 de abril siete Grupos, más el adjunto a la Escuela Normal de Maestros y Museo Pedagógico, con capacidad para 5.200 niños: Amador de los Ríos, Marcelo Usera, Joaquín Dicenta, Tirso de Molina, Claudio Moyano, Joaquín Sorolla y Francisco Giner. Y el 6 de noviembre los seis últimos: Emilio Castelar, Alfredo Calderón, Nicolás Salmerón, Leopoldo Alas, Miguel de Unamuno y 14 de Abril, más dos Grupos, Mariano de Cavia y Ortega Munilla, correspondientes al plan de 1932, con un total de 5.700 plazas escolares.
 
 
Las inauguraciones del 14 de abril, aniversario de la Segunda República comenzaron a las diez de la mañana, con la visita a la Escuela Normal de Maestras y Museo Pedagógico del presidente de la República, Alcalá Zamora, al que acompañaban los presidentes del Gobierno, Manuel Azaña, y de la Cámara, Julián Besteiro, así como los ministros de Instrucción pública, Fernando de los Ríos, Marina, José Giral, y Trabajo, Largo Caballero, y el alcalde de Madrid, Pedro Rico, entre otras personalidades. Tras recorrer sus instalaciones, la comitiva se trasladó al Grupo escolar Amador de los Ríos, donde fueron recibidos con grandes ovaciones y aclamaciones a la República. En el Grupo Marcelo Usera fueron recibidos a los acordes de un himno, interpretado por una rondalla de bandurrias y guitarras. En el Tirso de Molina se reprodujeron las ovaciones, recorriendo sus clases: en una de las galerías un grupo de niños entonó “La Internacional”. En el Grupo Joaquín Dicenta, recibieron a la comitiva los hijos del dramaturgo y numerosos vecinos que se habían vestido de fiesta y engalanado sus balcones para la ocasión; a las puertas del grupo, una rondalla y la banda de la Paloma dieron un concierto, ejecutando, entre otras obras, “La Marsellesa”. En el Joaquín Sorolla les esperaba una enorme multitud, sobre todo mujeres; cuando recorría las clases un grupo de madres de alumnos se dirigió al presidente de la República, exclamando: “Sólo la República ha dado escuelas a nuestros hijos; por eso la defenderemos siempre”. A las doce y media la comitiva llegó al Grupo escolar Giner de los Ríos, situado en la Dehesa de la Villa, muy cerca de donde vivía Largo Caballero. Una inmensa muchedumbre les esperaba, vitoreándoles a la entrada. En una de las clases se había situado un estrado, tomando asiento en el centro Alcalá Zamora, con Besteiro, Giral, Largo Caballero y Pedro Rico a su derecha, y Manuel Azaña y Fernando de los Ríos a su izquierda. Se encontraban presentes numerosos profesores, entre ellos la directora del Grupo escolar, señora Sánchez Arbós.[4]Terminado el acto oficial con breves y emocionadas palabras en las que se glosó el compromiso de la República con la infancia, el presidente y quienes le acompañaban fueron vitoreados de nuevo, así como el partido socialista y la UGT. A los niños de las escuelas inauguradas se les regaló unas cajitas de bombones y caramelos, con los colores de la bandera nacional y una viñeta: “Segundo aniversario de la República española. Obsequio del Gobierno y del Ayuntamiento a los niños de las escuelas nacionales”.[5]
 
 
Según nota hecha pública por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, el Grupo escolar Giner de los Ríos, instalado en la calle Francos Rodríguez c/v Pirineos, contaba con 12 secciones, seis de niños y 6 de niñas, con capacidad para 600 escolares. La superficie del solar era de 5.452 metros cuadrados, y la del campo de juego, incluidas las terrazas, de 4.108,15 metros cuadrados. Contaba con 17 duchas individuales y una colectiva con capacidad para 50 plazas. Disponía asimismo el centro de una piscina, con salas de vestuario.[6]  Tenía además un comedor para 50 niños y una instalación completa para la inspección médico escolar. Las obras, bajo la dirección de Antonio Flóres Urdapilleta, dieron comienzo el 1 de diciembre de 1931, con un coste total de 890.491,56 pesetas. El edificio sufrió unas agresivas ampliaciones en los años setenta y otra posterior de 1984, mucho más armónica y respetuosa, para hacer un comedor sobre lo que fue piscina al aire libre.[7]
 
 
Una vez construido, su directora, María Sánchez Arbós, una maestra aragonesa ligada al Instituto-Escuela, se enfrentó al reto de poner en marcha un gran Grupo escolar: el problema que representaba que el profesorado fuera interino, la falta de autonomía en la organización y funcionamiento del centro, la falta de previsión, los meses que se perdían en la aplicación de soluciones provisionales, etc. Convencida de que la escuela daría sus mejores resultados cuando además de ser de los niños fuera de los padres, les animó para que constituyeran una asociación de padres que colaborase en la escuela y ayudase a resolver los muchos problemas que el Grupo Escolar planteaba. “María Sánchez Arbós sostenía que era preciso crear una escuela nueva, alegre y risueña donde los niños disfrutasen, donde tuvieran más comodidades que en su casa, y donde hubiera maestros satisfechos de serlo, amigos de los niños, fervientes amadores de la escuela”. El 8 de noviembre de 1936 cayó una bomba en uno de los torreones de la escuela. Niños y maestros abandonaron el edificio que fue ocupado por la columna Durruti, llegada de Aragón para defender Madrid. Para tranquilizarla le ofrecieron un salvoconducto que le permitiría visitar la escuela cuando ella quisiera. Cuando regresó a las pocas semanas comprobó que el oficial no había podido cumplir su palabra y entonces, ante la contemplación de la escuela, María Sánchez Arbós describe con precisión el fin de la utopía: “Yo me llevo ahora mi diario, el retrato de don Francisco, y las llaves de la escuela. ¡Triste recuerdo totalmente ilusorio porque las puertas han desaparecido! ¡Con qué desesperación abandono estas ruinas!”.[8] 




[1] El Socialista, 14 de abril de 1933
[2] Antecedente más directo de la escuela primaria actual, la escuela graduada suponía la transformación de los espacios escolares, pues implicaba la construcción de edificios con diversas aulas en las que los niños pudieran agruparse según edades y niveles de conocimiento, con varios maestros y un Director, con patios de recreo y salas para comedor, biblioteca, trabajos manuales, gimnasio y todo tipo de actividades culturales y educativas
[3] POZO, María del Mar del: Desde las escuelas para pobres hasta la ciudad educadora: la enseñanza primaria pública en Madrid (1850-1939)”. En PINTO CRESPO, Virgilio, dir.: Madrid. Atlas histórico de la ciudad. 1850-1939. Barcelona, Lunwers Editores-Fundación Caja de Madrid, 2001, pp. 326-341.
 pp. 334-335
[4] El Socialista, 15 de abril de 1933
[5] El Sol, 14 de abril de 1933.
[6] La Libertad, 14 de abril de 1933.
[7] BERLINCHES, Amparo, dir.: Arquitectura de Madrid. Madrid, Fundación COAM, 2003.
[8] JUAN BORROY, Víctor M.: “María Sánchez Arbós. Una maestra aragonesa en la edad de oro de la pedagogía”. En Rolde. Revista de Cultura Aragonesa, Nº 89, octubre-noviembre 1999, pp. 12-21

lunes, 27 de enero de 2014

La huelga revolucionaria de 1917

Antonio Ortiz Mateos
 
Al estallar la guerra mundial, Eduardo Dato, jefe del gobierno en 1914 declaró la neutralidad de España; desde la oposición, Romanones y Lerroux, se pronunciaban por los aliados, y los carlistas por los Imperios Centrales. En cuanto al Partido Socialista, tras manifestarse partidario de “la más estricta neutralidad”, en el Congreso de 1915 rectificó, pronunciándose mayoritariamente a favor de los aliados, a quienes se identificaba con la libertad y la democracia. Tal debate se mostraría con el tiempo falso, porque nadie deseaba entrar en la guerra, y menos aún las empresas, negociantes y especuladores de todo tipo para quienes se abría un período de grandes ganancias: al entrar en la guerra, las principales potencias dejaron de exportar, convirtiéndose en clientes de los países neutrales. Como consecuencia de ello, los precios de las materias primas, productos industriales básicos, mineros, alimenticios... y del transporte naviero subieron de manera vertiginosa, incrementando notablemente los beneficios de las empresas, “mientras los salarios reales bajaban y faltaban en muchas ocasiones alimentos de primera necesidad, a causa de especulaciones fraudulentas”.[1]
 
Serían precisamente las mujeres, con la sensibilidad que les daba el estar encargadas de la “cesta de la compra” las primeras en protestar, protagonizando los llamados “motines de subsistencias”. Sólo en 1916 captaron la UGT y la CNT la realidad social y la naturaleza de clase del conflicto principal, multiplicándose las protestas de los trabajadores por la disminución de su nivel de vida: en Barcelona, la huelga de la construcción se convirtió en general; en febrero fue Valencia la que quedó paralizada y, en marzo, en Logroño la fuerza pública disparaba contra una manifestación obrera, a la que causó un muerto y cinco heridos; también fueron al paro los mineros de La Carolina y Cartagena.
 
El 6 de diciembre de 1915 presentó su dimisión Dato, asumiendo tres días más tarde Romanones la presidencia del Gobierno, quien convocaría elecciones en marzo de 1916. Pese a la creciente agitación política y social que recorría el país, las elecciones se celebraron en medio de la indiferencia: 145 diputados fueron elegidos por el artículo 27, esto es, sin contrincantes. Los liberales, a quienes correspondía la mayoría, obtuvieron 235 diputados, 17 los republicanos y uno los socialistas, Pablo Iglesias. Romanones continuaría al frente del Gobierno, reorganizándose éste.
 
 

Huelga de 1917 en la Puerta del Sol

En mayo de 1916, el XII Congreso de la Unión General de Trabajadores reunido en Madrid decidía acentuar la lucha contra la carestía de la vida, pidiendo en nombre de sus 150.000 afiliados: “el abaratamiento de los medios de transporte, el fomento de las obras públicas, la regularización del intercambio de productos, la supresión de privilegios industriales, la terminación de los gastos improductivos, especialmente de la criminal guerra de Marruecos”.[2] El Congreso decidió asimismo el empleo de todos los medios de lucha para conseguir esos objetivos y facultó al Comité Nacional, para declarar la huelga general en caso necesario.[3] Por su parte, la Conferencia de la CNT, celebrada en Valencia por aquellas mismas fechas, aprobó también emprender una campaña contra la elevación del nivel de vida, así como nombrar una delegación para entrevistarse con la UGT.
 
Según Largo Caballero, ambas organizaciones se dirigieron al Gobierno pidiéndole la adopción de medidas que abaratasen las subsistencias y resolviesen, en lo posible, la crisis de trabajo, “notificándole al mismo tiempo que la clase trabajadora organizada estaba dispuesta, porque estaba cansada de formular reclamaciones, de hacer peticiones, manifestaciones públicas y trabajos en la Prensa y en todos los sitios pidiendo lo mismo, a organizar, si el Gobierno no ponía en esto un gran interés, no sólo en beneficio de la clase trabajadora, sino de todo el país, una campaña de mítines y manifestaciones públicas, y después, si no daba esto resultado, a declarar la huelga general por veinticuatro horas.”[4]
 
Durante el verano de 1916, los ferroviarios anunciaron la huelga por el aumento de 25 céntimos diarios de salario, la continuación de las primas y el reconocimiento de su organización sindical. Romanones se puso nervioso, militarizó a los presuntos huelguistas y declaró el estado de guerra. En respuesta a estas medidas, los mineros asturianos anunciaron una huelga de solidaridad. Por su parte, la Federación Socialista de Asturias propuso la convocatoria de una huelga general contra la carestía de la vida, propuesta que no sería aceptada por la dirección nacional: Iglesias, Besteiro y Largo Caballero. Tras dos días de huelga se llegó a un arbitraje por el que las compañías ferroviarias venían obligadas a reconocer las asociaciones y sindicatos de sus obreros y empleados.[5]
 
El 20 de noviembre de 1916, las centrales sindicales U.G.T. y C.N.T. decidieron en una reunión conjunta celebrada en Zaragoza convocar un paro general de 24 horas el 18 de diciembre contra la carestía de la vida, la primera concertada por las dos grandes organizaciones obreras españolas.
 
A pesar del éxito de la convocatoria, en los meses siguientes siguió descendiendo el nivel de vida de los trabajadores, al mismo tiempo que aumentaban los beneficios de las empresas, sin que el Gobierno adoptara medida alguna que pusiera freno a los problemas de subsistencia. Ante tal situación, el 27 de marzo de 1917 una reunión de delegados regionales de la U.G.T. y de la C.N.T. celebrada en la Casa del Pueblo de Madrid, bajo la presidencia de Largo Caballero, elaboró un manifiesto en el que se anunciaba la posibilidad de una huelga general ilimitada para obtener “cambios fundamentales de sistema que garanticen al pueblo el mínimo de condiciones decorosas de vida y el desarrollo de sus actividades emancipadoras”.[6] Al liberal Gobierno de Romanones le pareció sediciosa tal declaración y suspendió las garantías constitucionales, clausuró la Casa del Pueblo y otros centros obreros, y encarceló a todos aquellos firmantes del manifiesto que pudo encontrar.[7]
 
En abril de 1917, tras la entrada de Estados Unidos en la guerra y el torpedeamiento por los alemanes del barco español San Fulgencio, la situación de Romanones, tentado por la beligerancia, se hizo insostenible, siendo sustituido al frente del Gobierno por García Prieto, liberal, quien dimitiría el 9 de junio al no sentirse respaldado por Alfonso XIII tras la detención de los jefes y oficiales de la Junta de Defensa del Arma de Infantería. Dos días más tarde, Eduardo Dato formaba nuevo gobierno.
 
Dada la crisis social y política existente, cada vez mayor, el Partido Socialista y la U.G.T., partiendo del Manifiesto Programa del 27 de marzo, comenzaron los preparativos de una acción, concertada con los demás partidos, para la instauración de un Gobierno provisional que convocara a Cortes Constituyentes.[8] En los meses siguientes se sucedieron las huelgas, entre las que destacaría la llevada a cabo por los ferroviarios de Valencia. La Compañía de Caminos de Hierro del Norte de España, empresa a la que pertenecían los huelguistas, procedió a numerosos despidos, negándose a readmitir a 35 pese a la actitud conciliatoria del ministro de Fomento, vizconde de Eza. El 2 de agosto de 1917, la Sección del Norte hizo saber a la Federación Nacional de Ferroviarios y a la Ejecutiva de la UGT que estaba dispuesto a ir a la huelga general el día 10 si la empresa no readmitía a los despedidos.
 
La ejecutiva ugetista aconsejó a la Federación Ferroviaria que hiciera todo lo posible por evitar el conflicto, ya que una convocatoria de huelga general descabezaba sus planes. Sin embargo, ante el rechazo de la Compañía de readmitir a los represaliados,[9] el Sindicato de Ferroviarios del Norte decidió ir a la huelga. Acto seguido, se reunieron los Comités nacionales de la UGT y del Partido Socialista, acordando que el día 13 de agosto se declarase la huelga en toda España: “con todas sus consecuencias”.[10]
 
La misma noche del día 9, el Comité de huelga de la UGT y el Partido Socialista, formado a finales de julio, entró en acción. El Manifiesto de convocatoria, dirigido A los obreros y a la opinión pública, comenzaba anunciando que había llegado la hora de poner en práctica los propósitos anunciados por la UGT y la CNT en el mes de marzo,[11] expresando, tras una amplia exposición de motivos, los fines de la acción:
 
“Los ferroviarios españoles no están solos en la lucha. Los acompaña todo el proletariado organizado, en huelga desde el día 12. Y esta magna movilización del proletariado no cesará hasta haber obtenido las garantías suficientes de iniciación del cambio de otro régimen, necesario para la salvación de la dignidad, del decoro y de la vida nacionales.
 
Pedimos la constitución de un Gobierno provisional que asuma los poderes ejecutivo y moderador, y prepare, previas las modificaciones imprescindibles en una legislación viciada, la celebración de elecciones sinceras de unas Cortes Constituyentes que aborden, en plena libertad, los problemas fundamentales de la Constitución política del país. Mientras no se haya conseguido este objeto, la organización obrera española se halla absolutamente decidida a mantenerse en su actitud de huelga..[12]
 
Ciudadanos: No somos instrumento de desorden, como en su impudicia nos llaman con frecuencia los gobernantes que padecemos. Aceptamos una misión de sacrificio por el bien de todos, por la salvación del pueblo español, y solicitamos vuestro concurso. ¡Viva España!
 
Madrid, 12 de agosto de 1917. Por el Comité Nacional de la Unión General de Trabajadores: Francisco Largo Caballero, vicepresidente; Daniel Anguiano, vicesecretario.- Por el Comité Nacional del Partido Socialista: Julián Besteiro, vicepresidente; Andrés Saborit, vicesecretario”
 
 
Glorieta de Cuatro Caminos durante la Huelga de 1917
 
En las Instrucciones que se daban para la huelga, además de significarse el carácter indefinido de la misma, se ordenaba que no fuesen los trabajadores quienes iniciaran ningún acto de hostilidad,[13] señalando: “Sólo en el caso de que la actitud de la fuerza armada fuese manifiestamente hostil al pueblo, deberán adoptarse las medidas de legítima defensa que aconsejen las circunstancias, teniendo en cuenta que deben evitarse actos inútiles de violencia que no encajan en los propósitos ni se armonizan con la elevación ideal de las masas proletarias”.[14]
 
La huelga, que comenzó el 13 de agosto, fue ampliamente secundada en Madrid, Barcelona –donde el comité estaba integrado por hombres de la CNT-, Zaragoza, Vizcaya, Asturias y otras provincias con una fuerte implantación sindical entre la clase obrera. Desde primeras horas de la mañana todas las tiendas de Madrid tenían echados los cierres metálicos, con las puertas a medio abrir; los tranvías circulaban con soldados en las plataformas; y en las panaderías, largas filas de mujeres esperaban turno, agotándose las existencias en poco tiempo.
 
Los incidentes se extendieron por toda la ciudad, con singular incidencia en las barriadas obreras de Cuatro Caminos y Tetuán. Por la mañana, se fueron concentrando grupos de obreros en los Cuatro Caminos, tratando de impedir que salieran los tranvías. Guardias de seguridad que se encontraban en la zona hicieron con sus tercerolas una descarga al aire, cargando los soldados contra los trabajadores.[15] A mediodía, la llegada de dos patrullas de Lanceros restablecería el orden, abriendo algunas tiendas del barrio sus puertas. En la glorieta de Ruiz Jiménez (actual de Cuatro Caminos), varios grupos de mujeres intentaron cerrar los establecimientos, sumándose algunos obreros con gritos a favor de la huelga. En la plaza vieja de Chamberí, grupos de trabajadores intentaron suspender las obras del Metropolitano, interviniendo la Guardia Civil.[16]
 
Poco después de la una, el capitán Aguilar, seguido por una sección de Lanceros, una compañía del regimiento de Infantería de Saboya y la correspondiente banda de cornetas y tambores, se dirigió a la Puerta del Sol, fijando en las paredes del ministerio de la Gobernación el bando del capitán general de Madrid, declarando el estado de guerra. Fuerzas de policía procedieron a clausurar la Casa del Pueblo, el Centro Radical de la calle de Relatores y el establecido en la del Horno de la Mata. En los alrededores se quedaron vigilando varias parejas de policías.
 
A pesar de la declaración del estado de guerra, los enfrentamientos entre los huelguistas y las fuerzas de orden público se sucedieron a lo largo del día en los Cuatro Caminos y en el vecino barrio de Tetuán de las Victorias, en Chamartín de la Rosa. A las cuatro de la tarde la calle Bravo Murillo aparecía llena de huelguistas comentando en grupos los sucesos. Media hora más tarde, al intentar la empresa de tranvías reanudar el servicio, la gente empezó a apedrear uno de los vehículos en la calle Santa Engracia, obligando al vehículo a regresar a la cochera. Poco después un grupo de mujeres de los Cuatro Caminos, con una bandera en la que se leía “¡Queremos pan!”, se situaron frente a una tahona, siendo disueltas por las fuerzas de Seguridad.
 
Sobre las cinco y media de la tarde, un piquete de la Guardia Civil comenzó a recorrer la calle Bravo Murillo, entre la glorieta de Cuatro Caminos y la carretera de Bellas Vistas. Los grupos de huelguistas se disolvieron, volviéndose a reunir casi de inmediato tras su paso. Esto hizo que la Guardia Civil se retirase y ocuparan su puesto varios grupos de soldados que avanzaron por la calle en guerrilla, siendo recibidos con disparos.
 
“Entonces, los soldados, para repeler la agresión, hicieron varios disparos al aire, que no surtieron efecto, por lo que las descargas de fusilería se siguieron sin interrupción, y comenzaron a funcionar las dos ametralladoras instaladas en la Glorieta, y otra situada frente a los campos de Amaniel.[17]
 
Entre tanto, la caballería evolucionó para tomar las bocacalles y evitar que los huelguistas penetrasen en la Glorieta”.
 
Como consecuencia de los enfrentamientos resultó muerto Baldomero Ortega, un niño de doce años pisoteado por los caballos, teniendo que ser atendidas diez personas, heridas por armas de fuego, en la Casa de Socorro.
 
 A pesar de la dureza de los enfrentamientos en las barriadas de Cuatro Caminos y Bellas Vistas, al poco tiempo se reprodujeron las manifestaciones en Tetuán de las Victorias, protagonizadas por grupos de huelguistas y numerosas mujeres. Para disolverlos, fuerzas de lanceros del Príncipe, entre otras, realizaron varias cargas con arma blanca y dos o tres con armas de fuego. Como consecuencia de las citadas cargas tuvieron que ser atendidos varios vecinos, uno de ellos con una herida de lanza en el costado izquierdo. Tras los enfrentamientos en Tetuán, los huelguistas se dirigieron formando diversos grupos, hacia Chamartín de la Rosa, la Ciudad Lineal, Prosperidad y Guindalera.
 
Desde las diez de la noche no se permitió el paso a ninguna persona, salvo a los residentes, patrullando parejas de lanceros por Bellas Vistas, Estrecho y la entrada de Tetuán. Una ametralladora, con su dotación de personal, se situó en la calle Bravo Murillo y otra en la carretera de Tetuán. Con el fin de prestar servicio en caso necesario, permaneció en la zona una sección de la Cruz Roja Militar, con el material necesario.
 
Durante la noche, varios vehículos militares se encargaron de distribuir el pan entre las tahonas. Al día siguiente las tabernas de la barriada permanecían cerradas, con largas colas en las tahonas para abastecerse de pan, limitado a un kilo por persona. El resto de establecimientos permanecían con los cierres de los escaparates echados, pero con las puertas abiertas. La carretera de Francia y las principales vías que a ella afluyen se hallaban ocupadas por un batallón de Saboya y una sección de ametralladoras, además de dos escuadrones de Lanceros y fuerzas de la Guardia Civil del primer tercio.[18]
 
El 14 de agosto la policía se presentaba en la calle Desengaño, 12, deteniendo al Comité de huelga: Largo Caballero, Anguiano, Besteiro y Saborit. Asimismo fueron detenidos Virginia González, Gualterio José Ortega, dueño de la casa, y Juana Sanabria, esposa del anterior. Tras ser informado por la policía de la detención del Comité revolucionario, el capitán general de Madrid ordenó que los hombres pasasen a prisiones militares y las mujeres a la cárcel, a disposición de la autoridad militar.
 
 
El 29 de septiembre de 1917 se celebró en el cuartel de San Francisco el Grande el Consejo de Guerra contra Largo Caballero y el resto de detenidos, en medio de una gran expectación. El 4 de octubre se conoció la sentencia: de los once procesados, cuatro fueron condenados a la pena de reclusión perpetua, por un delito consumado de rebelión -Largo Caballero, Julián Besteiro, Daniel Anguiano y Andrés Saborit, integrantes del Comité de huelga-, tres a la pena de ochos años y un día de prisión mayor -Gualterio José Ortega, Luis Torrens y Mario Anguiano-, y dos a la pena de dos años, cuatro meses y un día de prisión -Manuel Maestre y Florencio Abelardo-, siendo absueltas Virginia González y Juana Sanabria.
 
Primero pasaron unos días en la cárcel Modelo, siendo trasladados el 19 de octubre a la estación de Mediodía para, desde allí, ser conducidos en tren hasta Cartagena. Ya en la prisión, se les proporcionó el uniforme pardo de presidiario, les afeitaron barbas y bigotes y se les cortó el pelo al cero, aspecto con el que aparecerían unos días más tarde en la portada del ABC. Desde el punto de vista político, la campaña por la amnistía elevó a la categoría de héroes populares a los componentes del Comité de huelga, siendo elegidos diputados el 24 de febrero de 1918. Incluso los anarquistas fueron a votar para sacar al comité de la cárcel. El viaje desde Cartagena hasta Madrid fue triunfal: les paraban por los pueblos, les regalaban frutas, les abrazaban, etc. Como señala Tuñón de Lara: “La huelga, pese a su fracaso, no dejó de constituir una demostración de fuerza de las organizaciones obreras que, por añadidura, no fueron desarticuladas por la subsiguiente represión”.[19]
 
[1] Así, entre 1914 y 1920 –tomando como base 100 para el año 1913- los salarios nominales subieron hasta un índice 179,3, los beneficios empresariales hasta 214,0 y los precios hasta 227,6. TUÑÓN DE LARA, Manuel: “La crisis de la sociedad de la Restauración (1917-1930)”. En TUÑÓN DE LARA, Manuel, VALDEÓN, Julio, DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio y SERRANO, Secundino: Historia de España. Valladolid, Ámbito, 1999, p. 538.[2] TUÑÓN DE LARA, Manuel: La España del siglo XX. París, Librería Española, 1973, pp. 38-39[3] El Comité quedó compuesto por: Pablo Iglesias, presidente; Francisco Largo Caballero, vicepresidente; Barrio, secretario-tesorero; Daniel Anguiano, vicesecretario; y Julián Besteiro, Andrés Saborit, Virginia González, Eduardo Torralba, Modesto Aragonés, José Maeso y Manuel Cordero, vocales. TUÑÓN DE LARA, Manuel: La España..., 1973, p. 39[4] Diario de las Sesiones de Cortes, 22 de mayo de 1918.[5] TUÑÓN DE LARA, M.: La España..., 1973, p. 36[6] Ibidem, p. 37[7] Entre los detenidos figuraban los ugetistas Besteiro, Llaneza, Aragonés y Acevedo, así como los confederales Salvador Seguí y Ángel Pestaña. Largo Caballero y Daniel Anguiano, concejales del Ayuntamiento de Madrid tras las elecciones de 1915, consiguieron escapar, si bien, durante el tiempo que pesó sobre ellos la orden de detención, no pudieron asistir a las sesiones celebradas por el consistorio.[8] Según Tuñón de Lara, la alianza fue concertada por Melquíades Álvarez, en representación de los reformistas, Lerroux, por los republicanos, Largo Caballero, por la U.G.T., y Pablo Iglesias, con Besteiro como suplente, por los socialistas. TUÑÓN DE LARA, M.: La España..., 1973, p. 42.[9] Al parecer, la Compañía decidió no admitirles de acuerdo con el Gobierno quien, conocedor de que las organizaciones obreras y republicanas preparaban una huelga de carácter revolucionaria, procuró que estallara antes de tiempo para reprimirla y despejar la situación a su favor. Ibidem, p. 51.[10] Ibidem, p. 52[11] Según Tuñón de Lara, varios miembros del Comité de Huelga se reunieron en Barcelona con el dirigente de la C.N.T. Salvador Seguí, sumándose esta organización al movimiento de huelga, si bien no se creó ningún organismo común para dirigir la misma. Ibidem, pp. 52-53.[12] Ibidem, pp. 52-53[13] Según recoge Tuñón de Lara, en algunos lugares, como Vizcaya o Asturias, se habían acumulado armas y hecho acopio de dinamita para la insurrección. Ibidem, p. 52.[14] Ibidem, p. 53[15] La Época, 14 de agosto de 1917[16] ABC, 14 de agosto de 1917[17] Heraldo de Madrid, 15 de agosto de 1917[18] ABC, 16 de agosto de 1917[19] TUÑÓN DE LARA, M.: “Historia...”, 1999, p. 542

sábado, 5 de octubre de 2013

La Revolución de Octubre de 1934

Antonio Ortiz Mateos, historiador
 
Puerta del Sol de Madrid durante la huelga del 34
 
Ante la progresiva disgregación de la coalición gubernamental, en septiembre de 1933, Azaña planteó a Alcalá Zamora la cuestión de confianza, momento que aprovechó el Presidente de la República para abrir la crisis. El 12 de septiembre Lerroux formaba su primer gobierno, manifestándose por la tarde las Juventudes Socialistas y Comunistas en la Puerta del Sol dando “mueras” al Gobierno, pese a las violentas cargas de las fuerzas de Seguridad. El 2 de octubre se presentaba el Gobierno a las Cortes, siendo derrotado al día siguiente por 187 votos contra 91. Alcalá Zamora encargó entonces la formación de nuevo gobierno a Sánchez Román, primero, y después a Pedregal, quienes fracasaron en su intento. El día 8 encargó formar gobierno a Martínez Barrio, decretando a continuación la disolución de las Cortes.
 
En las elecciones, las primeras en las que iban a votar las mujeres, las derechas formaron un frente único electoral, cuyo programa era: “Revisión de la legislación laica y socializante”, “defensa de los intereses económicos del país” y amnistía.[1] Las izquierdas, por su parte, se presentaron divididas, excepto en Bilbao y Málaga, caracterizándose su campaña por la radicalización de los socialistas, desengañados de la etapa de colaboración. Como señalaba Largo Caballero en una entrevista concedida al periódico El Liberal:

“Precisamente hace unas horas repasaba yo por curiosidad los compromisos que los partidos republicanos tenían contraídos con nosotros, y comprobaba con amargura que el 80 por 100 de estas promesas formales habían quedado en eso; en promesas. Reforma agraria, enseñanza laica, ley de Arrendamientos, legislación social en todos los órdenes, ¿qué son en realidad estas cosas sino bellas entelequias sin virtualidad ni eficacia alguna? La reforma agraria no existe; la enseñanza laica es un mito; la ley de Arrendamientos allí quedó, sobre la mesa de las Cortes, en espera de días más propicios. Y con respecto a la legislación social, si bien es cierto que se llevó mucha a la Gaceta, ahí la tiene usted muriéndose de risa, en espera también de quien quiera y pueda hacerla cumplir. ¿Cómo quiere usted, ante este panorama, que los socialistas nos sintamos satisfechos por la labor realizada en los dos años y medio de República?”.[2]

El 19 de noviembre fue a las urnas el 67,56% del censo electoral, viéndose en esta ocasión favorecidas las derechas por la ley electoral, que concedía prima a la mayoría.[3] Las derechas obtuvieron 217 diputados, los partidos de centro, 156, y los de izquierda, 99. Las elecciones hacían de la CEDA, con 115 diputados, el primer grupo parlamentario y de los radicales y grupos del centro el eje de la situación política. A nadie cabía ya la menor duda de que el momento había llegado para que Lerroux gobernase, apoyándose en la derecha o en parte de ella.
 
Antes de que ello ocurriera, el 8 de diciembre, la CNT llevaba a cabo un nuevo intento insurreccional, el cual debía tener lugar en Aragón apoyado por la huelga general revolucionaria en el resto del país. El gobierno reprimió con gran dureza el movimiento: se practicaron detenciones, se declaró la ilegalidad de la CNT, se clausuraron sus locales y fue suspendida su prensa.[4] 
 
Cacheo de los guardias de seguridad a los transeúntes
 
El 18 de diciembre se constituía el Gobierno Lerroux, formado por ocho radicales, un progresista, dos independientes, un liberal demócrata y un agrario. Apoyado en una sólida mayoría parlamentaria, el Gobierno emprendió la obra de rectificar lo legislado entre 1931 y 1933.
 
Nada más constituirse se empezó a discutir en el Congreso amnistiar a los sublevados en agosto de 1932, invitando a Guadalhorce y a Calvo Sotelo, que se encontraba exiliado en París, a ocupar sus escaños parlamentarios. Tales hechos, unidos a la situación internacional y la creciente violencia protagonizada por la Falange, “inquietaron cada día más a la clase obrera y las izquierdas sobre el peligro de un fascismo que acabase con la República”.[5]
 
En el campo, la restauración social no se hizo esperar: un decreto del 11 de febrero de 1934 ordenaba la expulsión de los campesinos de las fincas dedicadas a cultivo intensivo, procediéndose al desahucio de 28.000 braceros. Una circular cinco días más tarde suspendía la revisión de las rentas de fincas rústicas. Los propietarios, por su parte, se aprestaron a bajar los salarios.
 
El 31 de marzo de 1934 varios representantes de la extrema derecha española –Goicoechea por Renovación Española y Olazábal por el tradicionalismo- se reunieron en Roma con Mussolini e Italo Balbo, firmando un documento según el cual el gobierno fascista de Italia prometía ayudarles a derribar la República española con armas, dinero y preparación militar.[6] El 27 de abril, Gil Robles concentraba en el Escorial a más de 25.000 personas, recordando con sus gritos -¡Jefe! ¡Jefe! ¡Jefe!- la Marcha de Mussolini hacia Roma. Las organizaciones obreras madrileñas respondieron a esta provocación con la huelga general.
 
A finales de abril, el Congreso aprobaba la ley de Amnistía. Alcalá Zamora se resistió a firmarla, accediendo a ello tras introducir diversas modificaciones, entre las que se encontraba que los generales amnistiados no pudieran ser designados para puestos de mando, lo que significaba desautorizar al Gobierno. Lerroux no tuvo más remedio que dimitir, siendo sustituido por Ricardo Samper.
 
Según avanzaba 1934, la tensión y el recurso a la violencia aumentaban de día en día. Alguno de los hechos más significativos fueron: el recurso del Gobierno ante el Constitucional de la ley de Contratos de Cultivo aprobada por el Parlamento Catalán y la paralización del proyecto de Estatuto vasco; la entrada de Calvo Sotelo en las Cortes; la bajada de los salarios por los terratenientes a niveles inferiores a los de 1931; el entrenamiento militar de las milicias tradicionalistas en Navarra; los atentados de las milicias falangistas, que se concentraban en Carabanchel, contra la Casa del Pueblo de Cuatro Caminos, contra el Fomento de las Artes y contra una exposición en el Ateneo de Madrid; el ataque a varios grupos de jóvenes en El Pardo y posterior ametrallamiento de varios jóvenes socialistas que volvían del campo, muriendo Juanita Rico; la muerte del comunista Izquierdo en una refriega, etc. Tal clima, alimentado por la prensa de derecha, cada vez más enardecida, unido al hecho de que el Gobierno actuaba al dictado de la CEDA, cuya lealtad hacia la República era más que dudosa, “acrecentaba la inquietud de las izquierdas y la tendencia a responder a la violencia con la violencia y a desatar una revolución si la derecha cedista accedía al poder”.[7]
 
 
La Glorieta de Cuatro Caminos durante la huelga general
 
En aquel ambiente, según señalaría años más tarde Largo Caballero en sus Recuerdos, se presentó un día Fernando de los Ríos en la Ejecutiva del PSOE con una nota de una alta personalidad del Ejército, en la que se informaba de las reuniones celebradas en el domicilio de Calvo Sotelo y en la redacción del diario derechista El Debate, en la que se hablaba de detener a Azaña, Prieto, De los Ríos, Largo Caballero y otros. Tras cambiar impresiones, la Ejecutiva acordó preparase para la defensa, convocando a la Ejecutiva de la UGT para celebrar una reunión conjunta y examinar la situación. “Besteiro, Saborit y Trifón Gómez en nombre de la Unión General, manifestaron que lo más prudente era dejar correr los acontecimientos y trabajar como se pudiese para conservar la organización, esperando tiempos mejores”.[8]
 
Tras varias reuniones en las que no se llegó a ningún acuerdo, Largo Caballero propuso que el PSOE actuase por su cuenta, y que si la UGT quería adherirse que lo hiciera cuando le pereciese. Para el caso de que surgiese la necesidad de llevar a cabo la acción, la Ejecutiva socialista nombró una Comisión especial organizadora de la misma, encabezada por Largo Caballero, con representantes del PSOE, de la UGT, si finalmente se adhería, y de las Juventudes Socialistas. Como Secretario encargado de la correspondencia y documentación se designó a Enrique de Francisco, quien venía desempeñando estas funciones en el partido.
 
Días más tarde, Besteiro manifestó su disposición a reunirse de nuevo, siempre que se elaborase un programa como bandera del movimiento, a desarrollar si éste triunfaba, acordándose que Prieto y Besteiro se reunieran y redactaran un escrito que pudiese ser aceptado por todos. No fue posible el acuerdo, aprobando la Ejecutiva del PSOE la propuesta de Prieto, en la que se proponía, entre otras cuestiones, la libertad religiosa, la socialización de la tierra y la disolución de la Guardia Civil, así como otras medidas que completaban los principios constitucionales. El programa se remitió al Comité Nacional de la UGT, aprobándolo tras una fuerte discusión que tuvo como consecuencia las dimisiones de Besteiro, Trifón Gómez y Saborit, asumiendo Largo Caballero la secretaría general de la UGT.
 
Al llegar el mes de junio la Federación de Trabajadores de la Tierra declaró, bajo la presión de sus bases, una huelga general de campesinos. Largo Caballero y la Comisión Ejecutiva de la UGT, que barajaban la idea de un posible movimiento revolucionario para más adelante, se manifestaron en contra, al estimar que con la huelga se desgastaba el potencial de las organizaciones campesinas para una acción posterior coordinada con los trabajadores de las ciudades. La respuesta del Gobierno fue considerar “servicio público la recolección de la cosecha”, suspendiendo los derechos de reunión y amenazando a los dirigentes de cada pueblo que se negasen a retirar los oficios de paro. A pesar de ello, la huelga fue total en Jaén, Granada, Cáceres, Badajoz y Ciudad Real, y parcial en las de Córdoba y Toledo. La huelga duró dos semanas, acreditándose Salazar Alonso “como el más duro de los ministros de Gobernación”: la fuerza pública practicó unas 7.000 detenciones, de las que 2.000 se transformaron en procesos.[9]
 
Guardias civiles disparando desde los tejados de las casas
Aún duraba la huelga del campo, cuando el Tribunal de Garantías Constitucionales, con mayoría de derecha y extrema derecha, declaró inconstitucional la ley catalana de Contratos de Cultivo. No admitieron la decisión los catalanes, que se retiraron de las Cortes –secundados por los vascos- y votaron de nuevo el texto en su Parlamento, sin modificación. El Gobierno, tras una sesión de Cortes agitadísima, consiguió que se suspendieran las sesiones de Cortes durante todo el verano, tiempo que aprovecharía para llegar a un acuerdo con el Gobierno de Cataluña: votar el contenido de la Ley en forma de decreto de aplicación, del que desaparecían los preceptos tachados de inconstitucionales.
 
Mientras tanto, en el País Vasco se había levantado una fuerte corriente de opinión contra un decreto del ministro de Hacienda, Marraco, considerado atentatorio para los “conciertos económicos” de las diputaciones con el Estado. La cuestión se envenenaba porque la mayoría parlamentaria de centro-derecha seguía bloqueando el Estatuto vasco desde diciembre de 1933.
 
El 31 de agosto, un grupo falangista hizo uso de las armas en Cuatro Caminos y causó la muerte de Joaquín de Grado, del Comité Central de las Juventudes Comunistas. Al día siguiente, en un clima de gran indignación, más de setenta mil obreros desfilaron tras el féretro, detrás de los dirigentes comunistas y socialistas. Las milicias de ambas juventudes desfilaron en línea de tres, vistiendo camisas rojas y azules, respectivamente. Al paso del cortejo, el capitán González Gil lanzó rosas rojas sobre el féretro desde un avión.[10]
 
El 9 de septiembre, Gil Robles reunía a sus seguidores en Covadonga, un lugar de regusto tradicional, exclamando: “¡Hasta aquí hemos llegado y ya no vamos a aguantar más!”. Las organizaciones obreras respondieron con la huelga general en Madrid y Asturias, clausurando Gómez Salazar la Casa del Pueblo. Al día siguiente, El Socialista señalaba: “La clase obrera madrileña demostró ayer, nuevamente, que no se la vence con facilidad”.[11]
 
Por su parte, el Comité revolucionario continuaba trabajando en la sombra. El día 11, se descubrió en San Sebastián de Pravia (Asturias) un alijo de armas en el vapor Turquesa, propiedad de Horacio Echevarrieta. También se encontraron armas, relacionadas con el movimiento que se preparaba, según reconocería Largo Caballero, en una casa de Cuatro Caminos, en la Ciudad Jardín, en la Ciudad Universitaria y en la Ciudad Lineal.[12]
 
A finales de septiembre, la crisis del Gobierno Samper se consideraba inminente. El 1º de octubre, al abrirse las Cortes, Gil Robles acusó de debilidad al Gobierno, retirándole su apoyo: “Se ha demostrado que es preciso una rectificación –dijo, dirigiéndose a Samper- y que su señoría no es el indicado para hacerlo”. Diez minutos más tarde el Gobierno declaraba oficialmente la crisis. Se abrieron consultas en Palacio: Azaña, Maura y Martínez Barrio aconsejaron la disolución de las Cortes; Gil Robles y Lerroux, por su parte, se mostraron favorables a la formación de un gobierno  con los radicales como eje y la participación de agrarios, Lliga y CEDA. Alcalá Zamora encargó a Lerroux que formase gobierno. El 3 por la noche se ordenaba el acuartelamiento de las tropas. A media tarde del 4 quedaba constituido el nuevo gobierno, cuya principal novedad era la participación en el mismo de la CEDA. La suerte estaba echada.[13]
 
Patrulla de la Guardia Civil de Caballería en la barriada de Tetuán
 
Nada más conocer los nombramientos, se reunieron las ejecutivas del PSOE y de la UGT, acordando declarar la huelga general en toda España. Prieto y Largo Caballero se quedaron en la redacción de El Socialista, a donde acudían compañeros de provincias y de Madrid solicitando informes o misiones que cumplir. Se imprimieron hojas y manifiestos llamando a la huelga y se dieron instrucciones a las Sociedades de la Casa del Pueblo. Los diputados salieron a provincias para ponerse al frente del movimiento.
 
Al amanecer del día 5 el paro era total en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Bilbao y todo el País Vasco, Sevilla, Córdoba, Salamanca, Palencia... En Andalucía paraban los obreros de las ciudades, en general, pero los del campo, muy quebrantados por la represión que siguió a la huelga de junio, no parecían secundar el movimiento. Toda Asturias estaba paralizada, asaltando los mineros los cuartelillos de la Guardia Civil, que iban cayendo uno tras otro en su poder. Al mismo tiempo se constituía el primer Comité Revolucionario, presidido por González Peña y de mayoría socialista, pero con representantes de la CNT y del PCE, miembros de la Alianza Obrera de Asturias. En Cataluña, tras la huelga general iniciada por la Alianza Obrera -desautorizada por la CNT a través de la radio- Companys proclama “el Estado catalán de la República Federal Española”, aunque sin dar armas al pueblo, y contando sólo con las fuerzas del Orden Público de la Generalitat. En la madrugada del 5, las milicias de jóvenes socialistas, mandadas por el capitán Condés y el teniente Moreno, intentaron apoderarse en Madrid de los edificios oficiales o estratégicos, fracasando tras algunos tiroteos.[14] Amaneció el día 5 en un Madrid sin comercios, sin pan, sin prensa –salvo ABC y El Debate-, sin metro ni tranvías, en el que se propalaban toda clase de rumores sobre los encuentros armados de la madrugada.
 
En su edición del día 5, ABC daba cuenta de las detenciones practicadas así como de los disparos habidos contra un sereno en la Colonia Residencia, sita en los terrenos del antiguo Hipódromo, a raíz de los cuales fue detenido Matías Fernando Moreno, quien prestaba sus servicios como carpintero en el Asilo de la Paloma, en la Dehesa de la Villa, ocupándosele una pistola ametralladora. También resultó detenido Antonio Sáez Pulido, un sastre de la calle Tenerife, en Bellas Vistas; tras ser asistido en la Casa de Socorro, fue puesto a disposición judicial. En la madrugada, el personal del Metro decidió abandonar el servicio, siendo enviadas fuerzas de la Guardia Civil para custodiar las estaciones y los túneles.[15]
 
Al día siguiente, el mismo diario ABC recogía el tiroteo sufrido por el puesto de la Guardia Civil de Peñagrande aquella madrugada. Los guardias, convenientemente parapetados, consiguieron repeler la agresión, realizando a continuación una descubierta por los alrededores, sin lograr detener a nadie.[16]
 
La Guardia Civil, desde la calle Bravo Murillo respondiendo al fuego de los trabajadores
 
A pesar de las declaraciones oficiales, asegurando tener controlada la situación en toda España, los incidentes en las barriadas de Cuatro Caminos, Tetuán y Peñagrande, al igual que en otros lugares de la capital, se multiplicaron, adquiriendo cada vez mayor virulencia. A primera hora de la mañana un grupo de personas tiroteaba frente al Cine Tetuán, sito en la calle Bravo Murillo, 196, a un guardia de Asalto, ingresando cadáver en la Casa de Socorro de Tetuán de las Victorias. Una pareja de la Guardia Civil y otro guardia de Asalto que realizaban labores de vigilancia en la zona acudieron en auxilio de la víctima, disparando sobre los agresores, pero éstos consiguieron huir.
 
Casi simultáneamente, un numeroso grupo de personas intercambió disparos con una pareja de la Benemérita que se encontraba de servicio junto al Hotel del Negro, en la Plaza de Castilla, sin que hubiera víctimas por ninguna de ambas partes. Avisadas por los guardias, del puesto de la Guardia Civil de Tetuán de las Victorias acudieron más fuerzas de la Benemérita y de la Dirección de Seguridad dos camionetas con guardias de Asalto. Los huelguistas, lejos de deponer su actitud, continuaron hostilizando a la fuerza pública durante más de dos horas. A la refriega se sumaron también algunos vecinos de la barriada, disparando desde sus casas contra los guardias. Algunas de las personas que habían intervenido en los enfrentamientos del Hotel del Negro llegaron disparando hasta las cercanías de la comisaría de Cuatro Caminos, la cual reforzaría su guardia ante la posibilidad de que intentaran asaltarla. Al terminar el tiroteo varios vecinos yacían en sus calles con heridas de armas de fuego, muriendo al poco de ingresar en el puesto de la Cruz Roja de Tetuán de las Victorias Juan Alonso Ortega, un barrendero domiciliado en la calle Prim, y Marcelino Martín, residente en la calle Ceuta.[17]
 
Hacia las nueve y media de la mañana, uno de los grupos que había intervenido en los enfrentamientos de Tetuán de las Victorias y Cuatro Caminos se dirigieron a la calle Guzmán el Bueno, atacando el cuartel de la Benemérita allí enclavado. Las fuerzas de la Guardia Civil que había en el interior repelieron la agresión, entablándose un fuerte tiroteo entre ambas partes, que dejó como balance dos muertos, entre ellos un niño de catorce años, y varios heridos. Los enfrentamientos en Tetuán y Cuatro Caminos continuarían durante toda la jornada, con tiroteos en diversos lugares.
 
A última hora de la tarde, un grupo de unas doscientas personas se concentraron en las tapias de El Pardo y proximidades de Peñagrande, interviniendo la fuerza pública, tras ser puesta sobre aviso.
 
A la puerta de una tahona de la calle Eloy Gonzalo
 
También la Ciudad Universitaria fue escenario de diversos enfrentamientos entre los estudiantes, los obreros de la construcción y la fuerza pública. En aquella época, según comenta Manuel González Bastante, el Colegio de Huérfanos Ferroviarios “cerraba” el acceso desde la Ciudad Universitaria a Madrid, por la Dehesa de la Villa y la calle Francos Rodríguez. “Yo les abrí un agujero en las bardas de tela metálica que separaban al colegio del Canal de Isabel II, y ellos se metían por allí”. Al pasar le dejaban las pistolas a González Bastante, a pesar de su edad, quince años. “Yo empecé guardando pistolas de trabajadores y estudiantes huelguistas de la Ciudad Universitaria y además facilitándoles el paso”.[18] Dos meses más tarde, durante las vacaciones navideñas, ingresó en las Juventudes Socialistas de Ciudad Real.
 
El 6 de octubre, el gobernador civil de la provincia, Francisco Javier Morata Pedreño, dictaba un bando prohibiendo las huelgas o paros en los servicios públicos. Por su parte, el Gobierno, tras acusar al alcalde de Madrid de no garantizar la prestación de los servicios municipales, destituyó en su cargo a Pedro Rico, incautándose del Ayuntamiento el domingo por la tarde Martínez de Velasco, ministro sin cartera. Finalmente, por la noche, el presidente de la República declaraba el estado de guerra: a las diez de la noche, dos secciones del Regimiento de Infantería número 31 aparecieron en la Puerta del Sol, dando lectura a la orden del general de división Virgilio Cabanellas por la que se proclamaba el estado de guerra en Madrid, Ciudad Real, Toledo, Cuenca y Badajoz, provincias que comprendían la Primera División Militar.[19]
 
Aquel mismo día, en un claro intento por desacreditarle, el diario ABC se hacía eco del rumor que circulaba por Madrid sobre la marcha de Largo Caballero al extranjero, no aclarando el punto de destino: Francia, Portugal... “mientras en Madrid y provincias los obreros, a los que él ha envenenado con sus propagandas, caían en la lucha con la fuerza pública”.[20] 
 
El día 9 de octubre, el diario ABC daba cuenta del hallazgo por la Policía de una ametralladora de gran calibre en un solar de la calle Hernani, con dos tambores y cerca de un millar de proyectiles, así como de los enfrentamientos habidos el día anterior en casi todos los barrios de Madrid, entre ellos en los de Chamartín de la Rosa, Tetuán de las Victorias, Cuatro Caminos y Chamberí, algunos de bastante intensidad. Según el diario: “Las agresiones partían casi siempre de las azoteas y tejados de algunas casas, donde los revoltosos se parapetaban para huir seguidamente, saltando de una a otra hasta desaparecer”. Varias comisarías fueron hostilizadas, especialmente las de Congreso, Universidad y Puente de Vallecas. En Tetuán de las Victorias, por la tarde, varias personas tirotearon a un cabo de Seguridad cuando iba a incorporarse al servicio, ocasionándole la muerte. En otro tiroteo, frente al Ayuntamiento de Chamartín de la Rosa, dos guardias resultaron heridos. A consecuencia de un tiroteo en la calle Eloy Gonzalo, un hombre resultó muerto. Por la noche, fue atacada a tiros la estación de tranvías de los Cuatro Caminos, siendo repelida la agresión por la fuerza que se encontraba en el lugar.[21]
 
El diario daba cuenta también de las detenciones habidas, destacando las del Comité de enlace de la CNT, la del Comité revolucionario de la Juventud Socialista, entre los que se encontraba Santiago Carrillo, y la del diputado socialista Luis Jiménez Asúa, junto a Luis Rufilanchas. Todos ellos, después de comparecer en la Dirección General de Seguridad, fueron puestos a disposición del Juzgado militar.
 
El martes 9 de octubre se reunían de nuevo las Cortes, con las terrazas de las casas situadas en las calles próximas tomadas por la fuerza pública. No acudieron los diputados de las minorías socialista, Ezquerra Republicana y Unión de Izquierdas, ni tampoco los radicales-demócratas de Martínez Barrio ni los llamados conservadores de Miguel Maura, a excepción de algunos que rompieron la disciplina de partido. Durante la sesión, como quiera que los nacionalistas vascos no se pusieron en pie para vitorear al Gobierno y a España, Calvo Sotelo y Honorio Maura pidieron a los nacionalistas vascos que se sumaran al homenaje, negándose. Entonces Calvo Sotelo se dirigió a donde se encontraba Aguirre, increpándole primero y abofeteándole después. Rápidamente acudieron otros diputados, separándoles.
 
Mientras tanto, se registraban varios tiroteos en las calles de Madrid, como los habidos en la calle Cardenal Cisneros, en Chamberí, o el estallido de dos bombas en la calle de Guzmán el Bueno. Por la tarde, volvieron los “pacos”, disparándose sobre la fuerza pública desde el tejado de una sala de espectáculos, sita en la calle Fuencarral, y desde un balcón de la calle Ríos Rosas. En una casa de la calle Carranza, cerca de donde estaba instalada la redacción de El Socialista, era detenido el hijo de Indalecio Prieto, siendo interrogado sobre los disparos que presumiblemente se habían hecho desde aquella casa y su reciente viaje a Asturias.
 
Al día siguiente comenzaron a celebrarse en Madrid los consejos sumarísimos, continuando con las detenciones: más de 2.000 personas desde el día 5 de octubre. “Entre ellos figuran numerosos dirigentes de la UGT y del partido comunista, así como muchos individuos que fueron sorprendidos tiroteando a la fuerza, repartiendo hojas subversivas, coaccionando a los obreros, etc.”.[22] 
 
En los días siguientes Madrid fue recuperando la “normalidad”, si bien no faltaron los incidentes, como la muerte de una mujer en una casa de la plaza del 14 de abril, al disparársele el arma a un soldado tras resbalar en las escaleras, según la versión oficial. O la explosión de una bomba en la calle Bravo Murillo, 207, y dos petardos en Raimundo Fernández Villaverde. El día 12, la policía de la Comisaría de Universidad encontraba en el llamado “campo de las Calaveras” 13 petardos, nueve pistones para cartuchos de dinamita y tres cargadores de pistola. En Chamartín de la Rosa fueron reunidos todos los jefes de los servicios municipales de esta localidad, “acordando por unanimidad” reanudar el trabajo en todos los servicios dependientes del Ayuntamiento.[23] A pesar de ello, continuaron las detenciones, 350 personas aquel día, y los “paqueos”: en varias calles de Chamberí, en Rosales...[24] 
 
En la madrugada del domingo 14 de octubre, a las cuatro menos cuarto, era detenido Francisco Largo Caballero en su casa de la calle Sort, en la Dehesa de la Villa. Primero fue conducido a la Dirección de Seguridad y de ésta a la Cárcel Modelo, a disposición del juez militar.

 




[1] El Comité electoral, presidido por Martínez de Velasco, estaba compuesto por Gil Robles, Lamamié de Clairac, Sainz Rodríguez, Calderón, Royo Villanova, Cid y Casanueva: monárquicos, tradicionalistas y, sobre todo, agrarios y Acción Popular fundidos ya en la C.E.D.A.
[2] El Liberal, 19 de octubre de 1933.
[3] Según la revista Nuevo Mundo, Largo Caballero votó en la sección 121, de la Dehesa de la Villa. Nuevo Mundo, 24 de noviembre de 1933.
[4] Asimismo fueron cerrados numerosos locales comunistas y se suspendieron sus periódicos.
[5] TUÑÓN DE LARA, M.: La España..., 1973, p. 342
[6] El documento decía: “1º Que está dispuesto (Mussolini) a ayudar con la asistencia y medios necesarios a ambas partes de la oposición al régimen existente, con el fin de derrumbarlo y reemplazarlo por una Regencia que prepararía la restauración completa de la monarquía. 2º Que como demostración práctica y previa de esta intención está dispuesto a contribuir inmediatamente con 20.000 fusiles, 20.000 granadas de mano, 200 ametralladoras y 1.500.000 pesetas en metálico...”. TUÑÓN DE LARA, M.: La España..., 1973, p. 345
[7] Ibidem, p. 347
[8] LARGO CABALLERO, F., Mis recuerdos…, 1976, p. 123
[9] TUÑÓN DE LARA, M.: “Historia...”, 1999, pp. 578-579
[10] TUÑÓN DE LARA, M.: La España..., 1973, p. 350
[11] Ibidem, p. 351
[12] LARGO CABALLERO, F., Mis recuerdos…, 1976, p. 110
[13] TUÑÓN DE LARA, M.: La España..., 1973, p. 353
[14] TUÑÓN DE LARA, M.: “Historia...”, 1999, p. 580.
[15] ABC, 5 de octubre de 1934.
[16] ABC, 6 de octubre de 1934.
[17] ABC, 7 de octubre de 1934.
[18] MUÑÓN, E.: Entrevista..., 1987, pp. 26-27.
[19] ABC, 7 de octubre de 1934.
[20] ABC, 7 de octubre de 1934.
[21] ABC, 9 de octubre de 1934.
[22] ABC, 11 de octubre de 1934.
[23] ABC, 12 de octubre de 1934.

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