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jueves, 16 de septiembre de 2021

¿Qué le pasa a la derecha española?

 OPINIÓN

¿Qué le pasa a la derecha española?

sábado, 28 de septiembre de 2019

Sindicalismo, sociedad, partidos y política

Francisco Javier López
27 de septiembre de 2019

Muchos nos lamentamos de lo que acaba de ocurrir en la política española. Esa inusitada, surrealista, imprevisible convocatoria de las cuartas elecciones generales consecutivas en menos de cuatro años. La mayoría de la población asiste, entre la indignación y el asombro, a la irresponsabilidad inadmisible de unas fuerzas políticas, que se recrean hablando de Estado, Patria, Nación, mientras parecen ir a lo suyo, siguiendo lógicas que no son las habituales entre el común de los mortales.
Nosotros preocupados por las inundaciones, por los incesantes asesinatos machistas, la subida de los precios, el cambio climático, los empleos inseguros, inestables, precarios; por la imposibilidad de comprar unas viviendas que, sin embargo, alguien tiene que estar comprando, porque no bajan de precio; el inicio siempre caótico del curso de nuestros hijos, las situaciones insostenibles de dependencia de nuestros mayores. Y ellos a lo suyo. A declararse incapaces de llegar a un acuerdo de izquierdas, o cerrados a cualquier posibilidad de facilitar la gobernabilidad del país, desde la derecha.
Se me ocurre que, tal vez, hemos confiado demasiado en la primacía de lo político, ignorando una vez más que la política es de esas pocas cosas importantes que no podemos dejar sólo en manos de los políticos. Las políticas deberían ser decididas en muchos espacios organizativos, que no tienen que ver, tan sólo, con los partidos.
Les hemos dado mucha autonomía, votamos cada cierto tiempo y les dejamos mano ancha, vía libre, independencia hasta de sus votantes. Ahora nos lamentamos de que hacen cosas que nada tienen que ver con nosotros, con la ciudadanía de a pié, con los trabajadores y trabajadoras.
Nuestro sindicalismo, desde sus inicios, tiene una profunda influencia marxista. Engels, Marx, sus propias hijas (no tanto sus yernos) eran conscientes de que el socialismo estaba condenado a vivir en el ostracismo minoritario de los intelectuales encerrados en sus cómodos y calientes salones, mientras no fueran capaces de entrar de lleno en la defensa de las causas de los incipientes sindicatos, surgidos como reacción a los abusos de la revolución industrial.
Las jornadas de incontables horas, los salarios de miseria, más miserables si eran salarios de mujeres y niños; las condiciones insalubres de trabajo; las viviendas inmundas, sofocantes en verano y gélidas en invierno; las muertes infantiles, los accidentes laborales, el analfabetismo generalizado. Así era el East End de Londres, a donde se encaminaba, cada día, Eleanor Marx.
Allí fue donde, cuanto aprendió de su padre, fue convertido en defensa de las mujeres, la infancia, los trabajadores estibadores y el compromiso con cada conflicto obrero. Allí se fraguó la influencia de las ideas marxistas entre la clase trabajadora (Todo lo que sé es que yo no soy marxista, había dicho el propio Marx). Murió el Moro, ese alemán refugiado al que todos conocemos como Karl, en Londres, en 1883, incapaz de sobrevivir a su mujer Jenny Von Westphallen, fallecida hacía poco más de un año. Una docena de amigos acudió al cementerio de Highgate, donde fue enterrado junto a Jenny.
Hubo que esperar hasta 1890 para que la primera conmemoración del 1 de Mayo, decidida en el Congreso de París, reuniera 300.000 manifestantes en Hyde Park el día 4 de mayo, domingo. Cifra que se multiplicó por 2 al año siguiente. En los mítines simultáneos, pronunciados en diferentes estrados, hablaron mujeres como Eleanor, a la que todos llamaban Tussy, ancianos como Engels, al que los Marx llamaban General, representantes de otros países y todos los líderes obreros en los oficios que se habían organizado sindicalmente.
Nunca pensó el marxismo que crear partidos obreros fuera una tarea esencial y superior a la de crear sindicatos obreros, u otro tipo de organizaciones que canalizaran la solidaridad de clase y uniera sus fuerzas. Aún menos en el sindicalismo de origen anarquista. Los seguidores de Bakunin, lejos de confiar en la política partidaria, consideraban una traición participar en la estructura política organizada por los dueños del dinero, del capital, aquellos que se habían apropiado de la riqueza y los medios de producción (La propiedad es el robo, había sentenciado Proudhon).
Hubo que esperar a Lenin para engendrar, en la Rusia absolutista y agraria, un partido obrero, de vanguardia, al frente de las masas, fuertemente vertebrado en torno a una minoría dirigente, capaz de imponer el centralismo democrático y la dictadura del proletariado, sin necesidad de desarrollo previo de una poderosa clase trabajadora. Ese partido que más tarde fue convertido, por obra y gracia de Stalin, en partido centralista, sin democracia y en dictadura sobre el proletariado.
El partido que, tan lúcidamente, nos mostró Orwell tomando el poder en Rebelión en la Granja. El partido que controlaba los sindicatos, las organizaciones sociales, las de artistas, escritores, los Soviets, cada fábrica y cada edificio de viviendas, cada familia y cada persona, gracias a una inmensa burocracia y a una todopoderosa policía política, de la que terminaron surgiendo los herederos del colapso final, como Putin.
Nada que ver con el concepto de dictadura del proletariado que manejaba Engels cuando decía, ¿Queréis saber qué faz presenta esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: ¡He ahí la dictadura del proletariado! Para terminar añadiendo, Si una cosa es cierta es que nuestro partido y la clase obrera sólo puede llegar al poder bajo la forma de una república democrática. Ésta es incluso la forma específica para la dictadura del proletariado.
Bueno, toda esta larga pirueta en el tiempo y la Historia, para intentar justificar la afirmación que he dejado deslizarse al principio de este artículo. Ser diputado o diputada está muy sobrevalorado, mientras que ser sindicalista, miembro de las juntas directivas de una asociación de vecinos, una organización ecologista, feminista, o cultural, parece gozar de mucha menos consideración.
Para algunos y algunas, es sólo un paso necesario y previo para dar el salto a la política, de la mano de los ocurrentes expertos en listas electorales, que buscan siempre algo exótico, distinto, colorido, llamativo, que incorporar en un quinto o sexto puesto de salida.
La política tiene la obligación de ejercer el gobierno de las instituciones respetando y escuchando a la ciudadanía, vertebrada en organizaciones que tienen que ser democráticas en su funcionamiento interno y que no deberían nunca someterse a la primacía de los políticos. La política es cosa de todas y todos y el sindicalismo y la sociedad tienen la misión de relacionarse cara a cara, de tú a tú, con los partidos políticos.
No siempre se ha entendido así, pero o eso, o la dictadura partidaria.
FUENTE: El Obrero


martes, 13 de agosto de 2019

La revolución premium


La revolución premium

Por Francisco Javier López Martín
23 de julio de 2019

La teoría del colapso gana adeptos en cualquier lugar del mundo. Son muchos los que piensan que el modelo de crecimiento del planeta y sus efectos sobre el medio ambiente son ya insostenibles y conducen a la destrucción de la especie humana. Que el crecimiento desbocado del consumo es ya imposible desde hace tiempo.


Que los empleos que creamos desprecian el nivel de cualificación de las personas y nos condenan a empleos inseguros, inestables, precarios, mal pagados y sin derechos. Empleos que no se corresponden con el nivel de cualificación y las expectativas personales. Que son demasiadas las personas que quedan al margen, excluidos, condenados a la pobreza. Que los precios del suelo y la compra y alquiler de vivienda son inaceptables, alimentados por la burbuja especulativa inmobiliaria y que habrá cada vez más personas que no puedan ejercer su derecho constitucional a una vivienda digna.

Que la crisis iniciada en 2008 con la quiebra de Lehman Brothers y sus consecuencias sobre la economía, la producción, el empleo y las brutales lacras sociales, no solo ha sido larga y tremendamente dura, sino que el fin de la recesión no ha acabado con ella. La crisis sigue ahí, como si hubiera venido para quedarse, dejando demasiadas víctimas por el camino y evidenciando la desnudez y la incapacidad del sistema financiero para enfrentar la realidad de una deuda impagable y en aumento.

No es descabellado pensar que el planeta podría aún satisfacer las necesidades básicas de sus pobladores, pero es incapaz de asimilar la rapiña, la codicia y la avaricia de unos pocos. Ni una producción infinita es posible, ni un endeudamiento permanente y creciente lo es tampoco. La globalización se ha convertido en el espacio en el que la libertad de los ricos pisotea la de todos los demás.

Quienes hoy anuncian que el colapso es inevitable, acompañado del caos, la explosión de la indignación, la revuelta social, no hacen sino reproducir, aun sin conocerlos, los pronósticos del bicentenario Karl Marx. El intento de los poderosos de crear un mundo a su imagen y semejanza está condenado al fracaso. Proudhon anunciaba por aquellos mismos tiempos, que la propiedad es el robo. Los ricos están produciendo sus propios sepultureros, siembran las semillas de su propia destrucción.

Según pensadores como Bauman, los capitalistas modernos, más allá de mantener los mismos objetivos depredadores de aquellos que vivían en los tiempos de Marx, Engels, o Proudhon, parecen haber conseguido sustituir la represión como medio de controlar la sociedad, por la engañosa libertad de consumo. La consecuencia es que todo queda convertido en comercio. Las personas se relacionan en función de intereses egoístas, que excluyen cualquier tipo de cooperación desinteresada.

Bernanos lo expresaba muy bien al hablar de las sociedades modernas que se generaban durante el primer tercio del siglo pasado, las mismas que dieron cabida al surgimiento de los fascismos, cuando nos describe esos grandes centros comerciales en los que cualquier dependiente sabe que la elección de los productos o servicios comprados es absolutamente libre, pero al final todos terminan pasando por la misma caja.

Hay un ejemplo bien cercano. Los partidos con presencia en el Ayuntamiento de Madrid montarán escenitas de grandes debates sobre Madrid Central. Sin embargo, ya se reclamen de derechas o izquierdas, a ver quién le pone el cascabel al gato votando en contra de la Operación Chamartin-Nuevo Norte, o la menos conocida pero no menos dañina del Paseo de la Dirección, tras las que se esconden grandes bancos como el BBVA, Constructora San José, o Dragados.

Mientras el consumo más exclusivo permanece casi en secreto, nunca al alcance de cualquiera, se inventan cada día nuevas maneras de hacernos creer que todos podemos disfrutar de experiencias únicas, aunque sean empaquetadas y masivas.

Cualquiera que pueda pagarlo puede disfrutar “experiencias premium”. Experiencias instagrameables de inmediato. Dormir en un antiguo banco, asistir a un concierto y cenar después con los artistas, sobrevolar la Alhambra, asistir al rodaje de una película, a una final de fútbol en palco especial, visitar un zoo con comida y contacto con los animales. Pronto veremos empaquetados viajes a la Luna. Cosas así te hacen sentir especial, distinto, más rico.

Muchas veces las revueltas no se anuncian, las revoluciones no dan la cara. Nadie esperaba que una manifestación se transformase en un 15-M. Tampoco los Romanov intuyeron la que se les venía encima aquel otoño de 1917. En 1848 todo estaba tranquilo en París y no había señales de que la monarquía de Luis Felipe corriera grandes peligros pese a la crisis económica, política y social que vivía el país. Eran pocos y aún desorganizados los que leyeron el Manifiesto del Partido Comunista, que, a decir verdad, ni existía como partido.

No sé si llegarán el colapso, la revuelta, la revolución. No sé si la acumulación de descontento, indignación, irritación, se decantarán por alguna de esas vías. Pero yo, simplemente porque parece que nada pasa, que todo anda tranquilo y que todo está controlado desde algunos despachos, no despreciaría la teoría del colapso y la posibilidad de que tanta oferta de experiencias únicas terminen desembocando en una revolución premium.

No descartaría que tras distraer el tiempo por la Isla de los Famosos y estimular las pasiones en un ancestral Juego de Tronos, terminemos siendo los protagonistas de cualquier resistencia, aunque al principio solo nos parezca viable en una Casa de Papel. Nada está escrito. Nunca se sabe.




martes, 6 de agosto de 2019

¿Ganará China la batalla con EE.UU.?


¿Ganará China la batalla con EE.UU.?
Por Ginés de Pasamonte
A largo plazo parece que sí, pero no estoy seguro. La batalla va a ser feroz, está en juego la hegemonía mundial, y EE.UU. no se va a parar ni China se va a amedrentar, al régimen le va la subsistencia en ello.
La guerra no es de ahora. Ya la iniciaron los presidentes anteriores con estrategias diferentes a las de Trump (grandes tratados comerciales como el del Pacífico, que Trump se cargó, y el que estaba a punto con la UE, que Trump paralizó, que pretendían aislar a China).
En Occidente, a pesar de Trump, hay más consenso del que parece.
En un discurso clave que pronunció el Vicepresidente Pence en octubre se señalaban las líneas estratégicas de EE.UU. frente a China, a la que declaraba rival. Por abril la UE hizo lo propio (aunque se le dio menos publicidad).
EE.UU. y la UE están de acuerdo en la batalla tecnológica y, dentro de EE.UU., no hay diferencias entre los dos partidos sobre este tema… pero, al mismo tiempo, los países europeos no han seguido las directrices norteamericanas respecto a Huawei y el desarrollo de la tecnología 5G.
Por otro lado algunos países europeos (Grecia, Portugal e Italia, por ahora) han roto la política común de la UE respecto a la Ruta de la Seda y muchos, del Este, están deseosos de recibir inversiones chinas.
También, cuando se fundó a iniciativa china el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura  los países europeos perdieron, literalmente, el culo para apuntarse. El primero fue el Reino Unido, aliado preferente de EE.UU., y el último España. Nadie quiso quedar fuera del gran negocio de las infraestructuras en Centroasia, solo quedaron fuera Japón y EE.UU.
Pero… en Europa ya se han tomado medidas contra las inversiones chinas en sectores estratégicos, igual que en EE.UU.
No obstante, a mí me parece que la clave del éxito de China es interna. Todo depende de que se mantenga el pacto no escrito entre el Gobierno y la población: renuncia a las libertades, soportar condiciones de explotación y desigualdad extremas, soportar la corrupción y el deterioro del medio ambiente, etc., a cambio de una mejora de las expectativas económicas. Si esto se mantiene, todo irá bien… si no, hay que recordar la larga historia de insumisión del pueblo chino en el siglo XX cuando cada década hubo un conflicto de dimensiones brutales.
El que la economía china cumpla las expectativas de los ciudadanos está por ver. El crecimiento se está ralentizando y existen grandes fallas que pueden quebrarse: burbuja inmobiliaria, sistema financiero que no se sabe en qué estado está, sobrecapacidad productiva…
Sin embargo, la economía china cada vez depende menos de las exportaciones y más del consumo interno.
Por otro lado, el conflicto en China o con China puede estallar por otros lados. Lo estamos viendo estos días en Hong Kong. Yo no creo que vaya a intervenir el ejercito (China se juega mucho en Hong Kong) pero si lo hace volveremos a ver Tiananmen. Al Gobierno chino, llegado el momento, no le temblará el pulso ni ante Hong Kong, ni, muy importante, ante Taiwán (si tiene la veleidad de declararse país independiente), ni ante su propia población.
Hay muchas incertidumbres y conviene desconfiar del desarrollo lineal de la historia…
China no explica todo lo que ha pasado en el mundo en los últimos años, pero sí buena parte de ello. Lo que pase con China a partir de ahora va a ser más decisivo aún.
Las transformaciones del mercado laboral en Occidente tienen que ver, en buena medida, con China; la baja inflación, lo mismo; un nuevo reparto de poder mundial (véase África o América latina) lo mismo…
No es fácil valorar cómo afecta lo que ocurra con China en un país como el nuestro pero ignorarlo es muestra de claudicación del pensamiento e irresponsabilidad política. En este país la izquierda ha estado "colgada" de Venezuela, Cuba… y otras monstruosidades políticas e intelectuales. Un debate político que ignora los grandes acontecimientos de la política mundial es de andar por casa en pantuflas y calzoncillos, antiestético y de pocos vuelos (Nada menos que en la Facultad de Políticas de la UCM el tema de China y Asia se la pela, no hay ningún máster sobre Asia y los intentos que ha habido han sido boicoteados a conciencia por la izquierda y de allí han salido los líderes políticos de la penúltima hornada).
Así son las cosas…

viernes, 2 de agosto de 2019

El fraude de la Renta Mínima


El fraude de la Renta Mínima


Javier López
Patrono de las Fundaciones Abogados de Atocha y de la Sindical Ateneo 1º de Mayo

2 de agosto de 2019

Tras la Huelga General del 14-D, aquella primera gran huelgona de la España democrática, CCOO y UGT presentaron una Propuesta Sindical Prioritaria (PSP) en la que incorporaban las principales reivindicaciones sindicales dirigidas al gobierno de Felipe González. 

Una de aquellas propuestas de los sindicatos reivindicaba la instauración de una Renta Mínima que, junto a las pensiones contributivas, no contributivas, las prestaciones por desempleo, o de atención a la dependencia, se constituyera en la última red de protección para aquellas personas que carecían otro tipo de ingresos. 

El gobierno socialista, de la mano de la ministra Matilde Fernández, se embarcó en un tortuoso debate sobre la caña y el pez. Si era preferible dar peces, o enseñar a pescar. Dieron curso a la exigencia de crear las pensiones no contributivas para quienes no hubieran cotizado lo suficiente a lo largo de su vida laboral y dejaron en manos de las Comunidades Autónomas la instauración de la Renta Mínima, dando lugar a modelos muy distintos y aplicados a ritmos muy dispares. Hubo que esperar al gobierno Zapateropara ver aprobada una Ley de Atención a las situaciones de dependencia.

Pero a principios de los 90, Navarra, Euskadi, Cataluña y Madrid fueron los primeros en dar el paso de crear programas de rentas mínimas en España. En Madrid los sindicatos comenzamos a negociar la Propuesta Sindical Prioritaria, madrileñizada, con el gobierno de Joaquín LeguinaElena Vázquez era entonces la consejera responsable del Bienestar Social y los Servicios Sociales. 

Había contactado, como asesores expertos, con profesores de la Universidad de Navarra, encabezados por Mario Gaviria, que escribió en aquella época un libro titulado precisamente La Caña y el Pez, en el que defendía las rentas mínimas con datos, cifras y comparativas europeas. Entre aquellos profesores se encontraban Miguel Laparra, hasta hoy vicepresidente del Área Social del Gobierno de Navarra, o Manuel Aguilar Hendrickson, ahora en la Universidad de Barcelona. 

Con aquel equipo negociamos y construimos el primer decreto de Ingreso Madrileño de Integración (IMI), que incorporaba prestaciones económicas, ayudas puntuales y programas de inserción laboral e integración social. Siguiendo aquellos primeros pasos, el resto de Comunidades Autónomas fueron aprobando decretos, o leyes, de rentas o ingresos mínimos.

El gobierno de Alberto Ruiz Gallardón aceptó públicamente, en el Congreso de CCOO de Madrid del año 2000, donde fui elegido Secretario General del Sindicato, nuestro reto de convertir la prestación regulada por decreto en un derecho de toda persona sin recursos a percibir una renta mínima y las ayudas necesarias para asegurar la suficiencia económica y la autonomía personal. La Ley de Renta Mínima de Inserción vio la luz a finales de 2001.

Varias legislaturas después, protagonizadas por las ranas del aguirrismo y por una crisis económica que ha dejado duros problemas en una parte importante de nuestra sociedad, la renta mínima se ha convertido en un derecho recortado y sometido a todo tipo de manipulaciones.

CCOO ha denunciado recientemente el espejismo que el gobierno regional quiere presentarnos como un éxito. La recesión económica ha sido superada, pero la crisis económica y social sigue instalada entre la ciudadanía madrileña. Más de 1.250.000 personas viven en riesgo de pobreza en nuestra Comunidad. 300.000 personas viven en situación de pobreza severa. Sin embargo la Renta Mínima beneficia tan sólo a 106.000 personas (5.000 menos que el año pasado).

No tiene explicación alguna que cuando las desigualdades y los problemas de las personas y familias desfavorecidas se han acrecentado a lo largo de los últimos años no se ejecute la totalidad del presupuesto anual destinado a la Renta Mínima, máxime cuando se trata de una partida abierta, que puede ser ampliada en caso de que las necesidades lo hagan necesario.

El hecho de que un derecho subjetivo como la Renta Mínima, se vea recortado y se module anualmente el número de beneficiarios a base de suspensiones cautelares, extinciones, alargamiento de plazos, denegaciones, o interpretaciones restrictivas y a la carta de los requisitos, constituye un fraude real que hace que muchas familias y personas queden varadas en situaciones de pobreza que, lejos de ser transitorias, se convierten en horizonte y expectativa de vida. 

Si la última red de protección contra la pobreza deja de funcionar, esas personas y esas familias, las que más necesitan de la acción protectora de la política y los políticos, quedan sometidas a las implacables leyes que rigen la desigualdad, la pobreza y la insolidaridad. Todo lo contrario de lo que significa gobernar para construir sociedades libres y cohesionadas.

FUENTE: madridiario





sábado, 27 de julio de 2019

Tipos de interés negativo


Por Ginés de Pasamonte

Sé que en estos momentos todos tenemos puesta la atención en si habrá investidura o no y con quién y que, en muchos casos, la confusión de la situación provoca poco más que chistes porque somos incapaces de hacer análisis serios y explicativos.

Al mismo tiempo están ocurriendo cosas que, literalmente, dan miedo porque anuncian un recrudecimiento de la crisis de 2007 que nunca se fue.

Un síntoma de lo que puede ocurrir y que está fuera del debate público (no he oído a nadie hablar del tema y lo que se publica parece dirigido a especialistas) es que el BCE puede bajar los tipos a negativo en septiembre (actualmente están en el 0%).

Dicho de otro modo, se pagará a los que tomen dinero prestado y se cobrará a los que lo atesoren.

Esto ya está ocurriendo. 

Gran parte de la deuda pública de los países avanzados ya se emite a tipos negativos, quien la compra paga.

Los bancos ya cobran a muchas empresas por tener dinero depositado en sus cuentas.

La explicación de esta locura, de este mundo al revés, es compleja, existe exceso de liquidez (los bancos centrales no pararon de darle a la máquina de hacer dinero mediante las expansiones cuantitativas) y, al mismo tiempo, para prevenir la que se echa encima, se toman medidas que intentan provocar que esa liquidez salga de donde está atesorada y se invierta, olvidando que la inversión que se ha hecho en los últimos años (en bolsa e inmuebles fundamentalmente) ha sido especulativa y no productiva (la inversión productiva depende de las expectativas de beneficios de los empresarios que no son muy grandes en estos momentos). Además, y con recochineo, el BCE va a ampliar la expansión cuantitativa en septiembre (más madera).

Personalmente creo que todo esto no va a servir para nada y que la recesión (o una ralentización severa del crecimiento) se va a producir en poco tiempo. P.e., este año el PIB alemán crecerá un 0,5% y el italiano quedará estancado si no entra en recesión.

Recientemente el FMI ha vuelto a revisar a la baja el crecimiento mundial.

Si estas previsiones se cumplen, y las auguran muchos economistas,  determinarán el contexto político. Lo que sorprende es el grado de ignorancia o desprecio de todo esto cuando si hemos aprendido algo de la experiencia de la crisis que estalló en 2007 es que su saldo es hasta ahora muy negativo para trabajadores, jóvenes, servicios públicos, empleo, salarios… por no hablar de sus consecuencias políticas entre las que destaca en nuestro país la aparición de VOX, que no es simplemente una rama escindida del PP, sino algo cualitativamente diferente que ha llegado para quedarse y crecer aunque pueda sufrir algún vaivén electoral… al fin y al cabo el fenómeno está en la misma línea de lo que ocurre en Europa donde ya se ha consumado la derrota de la izquierda que, paradójicamente, ha pagado los platos rotos de la crisis… y los va a seguir pagando hasta la extenuación.
Así veo las cosas, así creo que son, aunque nos empeñemos en hacer malos chistes, a veces con pretensiones literarias, sobre la coleta de Pablo Iglesias.

lunes, 15 de julio de 2019

Libra y el sueño (cumplido) de Hayek


Libra y el sueño (cumplido) de Hayek

La criptomoneda de Facebook puede abrir el camino a las divisas privadas

15 JULIO 2019

REUTERS

En un libro poco conocido, La desnacionalización del dinero, Friedrich Hayek, el padre del liberalismo económico más radical, defendió la libre competencia en la emisión de medios de pago.
"El principal fallo del mercado y la causa de las justificadas censuras que se le dirigen — atravesar periódicas épocas de depresión y desempleo— es una consecuencia de un antiquísimo monopolio del Estado: el de emisión de moneda. No me cabe la menor duda de que la empresa privada, si no se lo hubiera impedido el Estado, hace tiempo que habría ofrecido al público diversas monedas y aquellas que hubieran prevalecido en la competencia habrían sido esencialmente estables...", afirmó Hayek.
La idea no tuvo mucho éxito y hasta alguien nada sospechoso de defender la intervención del Estado como Milton Friedman se opuso a ella: "un marco monetario estable es un requisito previo y esencial para que funcione una economía de mercado. Es dudoso que el mercado pueda por sí mismo proporcionar este marco".
Pero lo que parecía una utopía irrealizable en el momento en que la formuló Hayek se ha convertido en los últimos meses en algo posible. La última prueba ha sido el lanzamiento por parte de Facebook y otros gigantes empresariales de Libra que estará en el mercado el año que viene.
Libra no sería una criptomoneda más, sus diferencias con el bitcoin y otras son notables y supone un salto cualitativo muy importante. El número de transacciones a las que aspira no sería residual como en el caso del bitcoin, su origen y la organización de su gobierno sería "transparente", contaría con un fondo de reservas de activos que garantizaría su valor...Estas características convertirían a Libra en una divisa en el mismo sentido que lo son el dólar o el euro. De hecho, los promotores han manifestado que competiría con ellas y su valor oscilaría con referencia a ellas.
Está claro que Libra no pretende ser un actor más en la competencia financiera a pesar de que en su presentación hace énfasis en la necesidad de prestar servicios a los 1.500 millones de personas que actualmente no tienen acceso a los bancarios.
A pesar de ello, se podría decir que muchas instituciones y personas que se han pronunciado hasta ahora la contemplan simplemente como un competidor más de los bancos y todas han insistido en la necesidad de que Libra actúe dentro del marco regulatorio.Estas críticas podrían ser cínicas porque es obvio que saben que Libra no va a ser un banco más. Omiten que actualmente hay otros proyectos sustentados por grandes bancos mundiales que pretenden hacer lo mismo: crear una divisa privada, emitir dinero. Realizar el sueño de Hayek.
El debate sobre el tema, crear un divisa privada, está sobre la mesa desde que los bancos se dieron cuenta que el bitcoin era una gran oportunidad que se les había escapado. Pero este debate ha sido poco o nada explicito y ha versado sobre cuestiones colaterales que, al final, están destinadas a preparar a la ciudadanía para que acepte la pérdida del monopolio del Estado en la emisión de moneda.
Conviene leer desde esta perspectiva el debate sobre la desaparición de dinero físico. Su defensor más conspicuo ha sido Kenneth Rogoff que en 2016 publicó La maldición del efectivo, un libro en el que aportaba una serie de buenas razones para que el dinero físico sea sustituido por dinero virtual.
Aunque algún miembro del Comité Ejecutivo del BCE se opuso a la idea no lo hizo tanto por motivos de principio como de oportunidad: los europeos estamos muy apegados al dinero físico.
Por su parte el FMI ha defendido la desaparición del dinero físico como una forma de vivir con tipos negativos. Si el banco central tiene como referencia tipos de interés negativos, en una sociedad en la que el efectivo hubiese desaparecido sería muy fácil trasladárselos a los ciudadanos mediante el cobro de intereses por sus depósitos. Nadie se escaparía porque todos tendríamos el dinero en apuntes contables.
Pero más allá de sus bondades, reales o no, no cabe duda que la desaparición del dinero físico allanaría el camino a las divisas privadas. Desde este punto de vista Libra no es más que la vanguardia y muchas de las críticas que estos días estamos oyendo nos están diciendo entre dientes "se han adelantado".
Es cierto que cuesta admitir que una divisa privada le haga la competencia al dólar o al euro, que EE UU pierda a manos de empresas el "privilegio exorbitante" que le otorga el que el dólar sea la principal divisa internacional, lo que constituye un enorme crédito que le concede el resto del mudo sin ninguna contrapartida. Pero puede haber hueco para otras divisas que llegarían allí donde el dólar o el euro no llegan. En todo caso es algo que habrá que debatir, cómo se abrirán paso las divisas privadas.
Si lo anterior se consuma, nos encontraríamos ante un cambio transcendental en el mundo de la economía. El Estado perdería uno de sus atributos exclusivos esenciales y la nueva emisión de divisas privadas sería global y descontrolada ¿Qué autoridad monetaria tendría esa dimensión global?
Es difícil imaginar un mundo en el que la emisión de divisas la hagan empresas privadas, pero del poder que adquirirían nos dan una idea las inmensas prerrogativas de los bancos centrales puestas de manifiesto durante la crisis.
Juan B. Plaza es analista de Economía.

viernes, 28 de junio de 2019

¿Es mejor la comida ecológica?


¿Es mejor la comida ecológica?


‘Darwin, te necesito’ es la serie que aborda tópicos de la ciencia para separar los mitos de la realidad


BRUNO MARTÍN
9 de enero de 2019


"Bio", "orgánico" y "ecológico" son reclamos para atraer al consumidor. La comida etiquetada así, en Europa, debe contener al menos el 95% en peso de ingredientes que hayan cumplido las normas de producción expuestas en el Reglamento Europeo 834 de 2007. Estas normas limitan, por ejemplo, el uso de pesticidas y fertlizantes sintéticos, pero no está claro que esas prácticas siempre reporten beneficios.
Según las evidencias científicas actuales, la comida ecológica no es ni más sana, ni más segura que la convencional. Tampoco sabe necesariamente mejor. Sobre su sostenibilidad medioambiental no hay una respuesta clara. El sello ecológico promueve ciertas prácticas de agricultura y ganadería que son beneficiosas para el planeta y sobre todo para el bienestar de los animales, pero también acarrea costes medioambientales, así que no se puede considerar garantía de sostenibilidad.
En este vídeo de Darwin, te necesito, la serie científica de Materia y EL PAÍS VÍDEO que separa los mitos de la realidad, se repasan las investigaciones sobre el contenido nutricional, la seguridad alimentaria y el supuesto beneficio medioambiental de la comida ecológica. La comida eco no es mejor para la salud, y no siempre es mejor para el medioambiente que la convencional. Al consumidor preocupado por la sostenibilidad, más le vale comprar alimentos locales y de temporada, sean ecológicos o no.
Fuente: El País

Agenda Tetuán-Dehesa de la Villa